De Desirée B. Silvage
Publicado en L'Independent
Esta vez no estaba dispuesto a consentir el último capricho de mi novia. Sabía de antemano que para convencerme recurriría a su frase mágica: “Eso, me pondrá a mil”, susurrada hábilmente en mis oídos. He de reconocer que la frase funcionaba, ya que yo, con tal de que no disminuyese la velocidad, le decía que sí a todo. Por eso soporté estoicamente depilaciones con cera caliente que luego fueron sustituidas por el láser, el cual no sólo se llevó mis varoniles pelos, mis ahorros, también. Pero, pese a mi firme convencimiento, accedí de nuevo a darle el gusto, y sí, me implanté silicona en las nalgas. Mi recién estrenado culo respingón la puso a más del mil, porque va ser entonces cuando los vecinos comenzaron a quejarse de sus incontrolables gemidos. No obstante, su frenesí fue breve. Cuando le pregunté el motivo, me respondió “adivínalo”. ¿Qué podía ser? Mi culo no, porque ya estaba a su gusto; los pelos tampoco, ya que no me quedaba ninguno. Fue en la piscina donde descubrí lo que era. Allí, tumbada sobre una toalla al lado de un peludo con tanga, mostrando su escuálido culo, estaba mi novia susurrándole su frase mágica.
This entry was posted
on 11:02
and is filed under
Sólo cuentos
.
You can leave a response
and follow any responses to this entry through the
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
.
TEMAS
- Reflexiones literarias (19)
- Sólo cuentos (14)
- Poesía (12)
- El arte de escribir (10)
- Frases con sentido (5)
- Entrevistas y videos (4)
- Libros (3)
- Anécdotas literarias (2)
- Noticias de letras (1)
- PRIMERO MIRA AQUÍ (1)
7 comentarios